Terror en la luz.

El cielo es infinito para el pájaro entre rejas.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Felicidad


Un manido papel en la vida consiste en ser temeroso de las alegrías del mundo. Escabullirse en la lenta agonía de las carcajadas de los demás es como un cubito de hielo que te roza los pezones. Pero al final, tanta rigidez exige ser feliz tú, también. No puedes excluirte eternamente. Los buenos actos de determinados individuos son infinitamente superiores al daño que otros te hayan podido causar. Es cierto, la mejor fragancia viene en los pequeños envases; por eso, la felicidad más rotunda se sirve en dosis mínimas.
No podemos ser enteramente serios, ingratos o ciegos. Necesitamos nutrir nuestros dorsos de elixir de adrenalina con forma de sonrisa. Y no puede ser de otro modo. La fórmula del enfado se supura con saliva color miel. Debemos ser considerados con aquellos que tratan de sacar lo mejor de nosotros. Lo hacen porque quieren, no están obligados.
Es cierto, a veces son tantas las personas que buscan y nos exigen lo peor de nosotros que terminamos acostumbrándonos a mirar sospechando al universo. Pero de entre las piedras aparecen almas que nos quieren, que nos dan la mano, que no nos dejan ni caer ni retroceder. Incluso en la muerte ellas están. Y jamás estaremos solos, por ello. Nunca podremos no esbozar una sonrisa. Es imposible. A veces, tal vez la ahoguemos, pero eso ya es reír. Y tenemos que jodernos, porque la seriedad no es constante y se esfuma cuando menos queremos que lo haga.
El miedo a ser feliz. Probablemente sea un problema al que todos nos enfrentamos. Es más cómoda una lágrima de tristeza que una de alegría, pero es mucho más sencillo sonreír que formar la curva inversa: tenemos la forma dibujada hacia el cielo. Nuestros labios hablan por sí solos, no vayamos contra natura.

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