Terror en la luz.

El cielo es infinito para el pájaro entre rejas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Noviembre.

"Me siento bastante sola. Bastante sola"

Seguro que tiene que haber una forma, una manera de describir lo que ahora mismo sucede dentro de mi cuerpo, pero no doy con ella. Creo que después de 21 años de vida, donde se ven monumentos, se crean sensaciones, se saborean delicias y asquerosidades, uno empieza a asentar la cabeza y a seguir un camino que ya está bastante definido, pues es lo que durante toda la vida has ido plantando. En mi caso pasa que sí, he asentado la cabeza. Mis ganas de fiesta loca, mis deseos irreversibles de experimentar y, por ejemplo, mi inseguridad a la hora de querer, han cesado. Me he convertido en alguien con las ideas claras sobre qué ser conmigo misma y para con los demás.
Pero continúan los demonios en mi vida. Demonios que no me dejan del todo tranquila puesto que se dedican a incordiar en mis planes y a fastidiar mi futuro. Son demonios que me nublan la vista cual humo azul y me obligan a cegarme. Me hacen ver que no existe amistad como tal, sino interés mutuo por un determinado atributo. Me hacen ver que no soy mejor que nadie, ni siquiera mejor que yo misma. Me hacen percatarme de que lo que está por venir no lo sabe nadie, sino el aire.
Ese malestar se refleja en mis nervios, y mi cara no dice nada, solo actúa. Es el interior el mayor perjudicado. Siento, con fuerza, cómo las neuronas quieren reventar y no pueden, por miedo a despeinarse. Siento, con rigor, cómo me vuelvo flácida, frágil, gelatinosa. El problema no sé dónde está, ni cómo podría encontrarlo. Me lo tomo de forma didáctica como una etapa más que está abierta de par en par y que un día u otro no dudará en cerrarse. Puede ser el paso hacia la madurez, o simplemente una tontería infantil más de mi amplia galería de las mismas.

jueves, 26 de agosto de 2010

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Fíjate cuánto se pierde. Esos momentos locos en los que mientras tanto, alguien se ahoga.


No me dejes ir para atrás, me mareo mucho. El sillón de atrás, en los autobuses, tiene un efecto rueda que provoca cierto nerviosismo craneal psicológico que a la larga se convierte en arcadas. Yo se lo pedí, y no hizo caso. Es difícil de entender cuando la petición sale de mi boca, pues la complejidad del panal de abejas que poseo es directamente proporcional a lo absurdo de la misma. Dos cosas tan diferentes en un mismo lecho. No puede haber un positivo resultado.
De primeras lo advierto, pero nadie quiere hacerme caso. En el amor pasa que se enamoran, en la amistad que envidian y en la familia la ignorancia total. Así termino en total disconformidad con los de mi sangre, en pasotismo con intereses en los amigos y en rotura de corazón en el amor. Pero que conste que yo lo advertí.
Ahora solo quiero estar sola, a ver si entienden. Aislamiento lúgubre con la sombra de cuando tenía unos 15. Porque estoy en plena madurez y no quiero que nadie lo vea.
Así que, tú, déjame. Más de 24 horas sin vernos, estaremos, y con cero comunicación. Apagaré el teléfono, romperé las redes sociales por día y medio.
Ellos, que me olviden. No los necesito.

lunes, 2 de agosto de 2010

Qué será, será.

Lo que sientas en cada momento simplificará tus irreversibles ganas de morder.

Será por fingir seguir ciertas ideas,
o por entrar en un enamoramiento prematuro.
Será por el miedo al futuro,
o por las palabras inciertas.
Será que tú ya no eres mi mujer,
que alguien te me ha llevado,
será que por ti desde ayer no he llorado,
o que tú ya no sabes ni quién puedes ser.
Será un desastre de vida,
un trabajo no dignificante,
será que viento me arrastre,
o que despierte mi ira.
No será, o tal vez sí, el pasado obsoleto,
que arranca de lleno mis lujurias.
Será que perdí las penurias,
en un bar de esqueletos.
Será que me pierdo en sus gestos,
que me atrae su locura,
que bien mi padre podría ser cura,
y su hija un caldo de deseos.
Será que nací rana,
que ni ella ni él ni el perro me soportan,
será que mi vida ya no les importa,
o que soy impura como Juana.

Solo sé que es cierto que no hay combinación de horrores. Que si paz y guerra son buenas, que si amor y odio van de la mano por el interés.
Solo sé que si una cosa, no otra. Que si soy feliz por aquí, por el otro lado me odian. Que si tengo novio cambio y ellos... No lo soportan.

martes, 15 de junio de 2010

?

Sitúate en posición espiral, pídele ayuda a un mentalista.

Me ayudo a ver que no hay ningún motivo para esto. Soy tan perversa. A veces es imposible llenar mi ser con flujos o arena, mismamente. Y sí digo que no quiero dañar, pero termino maniobrando de manera contraria. Puede que tenga un grave problema. ¿Sabes? No dudé en cantar mi enamoramiento. Pero también advertí lo difícil que resulta mantenerme en pie cada día, empaparme de sentimiento cada segundo... Y es que es posible que mi manera de amar sea desenfrenada y vaya más allá de cualquier método filosófico absurdo. Rompo esquemas, quemo clichés. No termino de hablar y llorar amor y algo me sucede. No hay ningún porqué, ni una escusa. Es todo cuestión de segundos. Algo me absorbe lo de dentro y lo sustituye por mal humor, miedo e "insoportabilidad". ¿Quién me dice, pues, qué pasa? Dame tiempo de aclararme, dime una hora y un lugar donde dormir y pensar. Déjame analizar cada situación y ayúdame a encontrar la salida.

jueves, 10 de junio de 2010

Adiós, chica.

Ayer me encontraba mal, mi perro también. Nos dolía es estómago. Quién sabe si por la comida, por el tiempo o por la opresión craneal.
El caso es que no hubo forma de dormir. Yo me controlé, pero él no lo consiguió y vomitó. Así, sigiloso, sin que nos enterásemos. Lo hizo con cuidado y apartándose de nosotros.
Las vueltas que dí, ni las conté... Y nada, no conciliaba el sueño. Incluso le pedí ayuda a él, a ver si desde las alturas conseguí introducir dentro de mi cabeza unas imágenes relajantes que me ayudaran a cerrar los ojos de un vez. Probé miles de posturas, todas ellas incómodas. Me pico esto, me duele la pierna, se me duerme un brazo.
Luego, al poco de intentarlo, no pude más. Me senté y me entró un miedo raro, como si algo estuviera pasando en ese instante. Así que no lo dudé y lloré con ganas. Recorrí mi vida en un momento. Pensé en las de cosas que yo había planeado, en todo aquello que cultivé con el fin de ser feliz en el futuro. Y también caí en la cuenta de que fue en vano cada paso.
Y nos preguntamos por qué, claro. Pero es que no hay una respuesta certera, es sin más la vida, que nos hace cambiar y transformarnos. Unos se vuelven monstruos por hacer el mal y otros se convierten en engendros que maquinalmente se mueven, sin percatarse de relojes o de mentiras. Ahí es cuando se pierde todo tipo de noción. Con las personas de fuera actúan como normales: agradables, creíbles, racionales. Pero dentro de casa y dentro de sí mismos, la tormenta.
Todo es un imposible desde entonces. En palabras claras, para entendernos, a esto se le llama locura, locura de la buena. Una locura contagiosa que bloquea el cuello y anula músculos... Que perpetra, que anula la profundidad de la mirada y la convierte en vacía.
Ahora ya, todo está más que perdido.
Adiós, chica.

miércoles, 2 de junio de 2010

ELLOS

Duele, claro que duele...


Me arrancaron algo de dentro... una raíz o quien sabe.
Se lo llevaron ellos...
Me dejaron medio seca pero llena, llenísima.
Han sido la ilusión, la esperanza y la alegría.
Así, sin más.
Ahora lo raro, lo inerte y bohemio...
Mi cabeza no está aquí, está en ese lado, pero me cuidaré.
Mantendré mi mente ocupada, entregaré mi amor a él...
Y luego de nuevo, sonrisas. A la vez que otro tipo de tristeza,
claro.
Me tumbaré en la alfombra verde, con el perro y dormiré.
Mi mente ocupada, quisiera saber..!
Mi mente vacía con sitio solo para el amor.
Ellos no están, yo tampoco.
Pero los llevo dentro,
MUY ADENTRO.

lunes, 31 de mayo de 2010

LLL

Miedo me da..

Torció el rumbo y claro, no le importó. El amor cubre cada agujero de la vida. Lo demás se queda en escorzo. Al mirar fijamente un día su sonrisa, no fue la misma: ahogaba suspiros intermitentes cuando yo no me daba cuenta.
Pero aún así siguió siendo igual por mucho tiempo. La imperfección era ilícita. Nada había que no hubiera aprendido o que tiempo ha no hubiera soñado.
Y luego, por supuesto, la desorientación. Títeres espectaculares y el show a punto de empezar.
Y yo sin aprender, sin dejarme enseñar. Mi inmadurez no me permite alzar ni un mini tono la voz. No puedo reclamar algo que no es mío ni de nadie cuando ni siquiera puedo reclamar mi dignidad.
Se perdió todo de aquello. Un momento cruel sustituye a tiempos de pereza compartida y de risas quinceañeras. Ya nada es lo que era. Ni somos lo que fuimos.
Veamos los niveles y ahí se encuentra la respuesta.
Incultura, maldita incultura...
Debo ser un rayo de impertinencia a la par de la poseedora de los retrasos mentales de la gente.