Terror en la luz.

El cielo es infinito para el pájaro entre rejas.

lunes, 22 de octubre de 2012

Resumen: Diccionario de las artes. Félix de Azúa.


 Al tratarse de un “diccionario” de las artes, y entrecomillo la palabra diccionario ya que lo que menos intenta ser es un ensayo académico y formal con términos neutrales y definitorios, es complicado tratar de extraer la idea término a término. Por ello creo que el modo más lógico de resumir brevemente el libro de Azúa es compilando las palabras que más se asemejan y las más relevantes para crear primero ideas por grupos y luego una idea general.

El tono irónico con el que Félix de Azúa explica el significado oculto de algunos términos es digno de mencionar, pues es necesario tenerlo en cuenta y captarlo cuanto antes para aportar un sentido diferente y más exacto al ensayo. Tiene múltiples giros humorísticos que ayudan a convertir un sinfín de palabras complicadas en un ameno índice de ideas. A pesar de ello, no deja de ser un libro serio, didáctico, que pretende contribuir al crecimiento de la inteligencia en el ámbito del Arte para las personas que lo leen.

El Arte, como tantos otros ámbitos de la vida, ha sufrido a lo largo de los siglos diferentes procesos de transformación que han hecho de él ser, a veces ,el protagonista bueno de la película y otras el enemigo del ser humano. Y esa transformación se prolongará de manera infinita y constante, cual espiral.

Como explica el autor, el Arte ha pasado de ser un producto de las clases sociales más bajas, cuando se consideraba así a la labor que realizaban los antiguos artesanos, que apenas sí tenía valor, a un lujo burgués que solo pueden permitirse los más adinerados. Pero en este libro, no solo puede divisarse ese contraste que a simple vista todos conocemos. Azúa profundiza en las modificaciones del arte desde muchos puntos de vista. Cambios no solo económicos, sino también morales o físicos, entre otros.

 Uno de los cambios más significativos y en los que se centra durante varias páginas el autor, es el que va del Arte realista al Arte abstracto. Fue el momento en el que algunos artistas comenzaron a detestar el hecho de que la pintura tuviera la pretensión de reflejar el mundo y las cosas y trataron de romper con ello con una brusquedad que nadie entendía. Provocaron el desconcierto de muchos intentando explicar la importancia de los colores desde el punto de vista de la llamada “sensibilidad inobjetiva”. También, otros pintores, deseaban “exterminar” o reducir al máximo la utilización del color en sus obras y resaltar el blanco y negro como los colores del verdadero Arte.

Siguiendo en la letra “a”, es importante hablar de la figura del artista. A lo largo del libro, en varias ocasiones, el autor ensalza al artista como la persona encargada de plasmar. Lejos de ser el responsable o “culpable”, el artista es el narrador. Y no es un narrador omnisciente, sino descriptivo. Simplemente vive, siente, padece, etc, determinados momentos; se mueve en una sociedad en la que pasan cosas, con personas que influyen y crean emociones, con situaciones que de algún modo modifican parte de su interior. Él observa (narrador observador) y luego describe. Pero lo hace de una forma muy exacta y asemejándose lo máximo posible a lo vivido.

El caso de los bodegones, para lectores del libro principiantes en el mundo del Arte, es muy curioso. ¿Quién puede imaginarse que dentro de la pintura de frutas, jarrones, aceite o pan, entre otros, dispuestos sobre una mesa se esconda un mundo de sentimientos e ideas? ¿Quién puede pensar que gracias a esos elementos se puede conocer más profundamente el carácter del pintor? Azúa lo explica con detenimiento. Y es que esa “Naturaleza muerta”, es decir, esos alimentos y objetos sin vida, dependiendo de cómo estén dispuestos en el cuadro y del aspecto con que les haya dotado el artista, transmitirán miles de sensaciones, todas ellas relacionadas con el carácter y la forma de ser de su autor. Pone el ejemplo de las pinturas de Meléndez, autor de “bodegones calavéricos”.

 “El Arte ha muerto”,  es la idea clave de este libro. Ha decaído el Arte para dejar paso a las artes, según cuenta Azúa. Un Arte que engloba todo, un Arte cargado de responsabilidades que no podía resistir con tanto. Por eso al final se dividió en los siete artes ya conocidos. Dentro de esto es importante observar cómo destaca la arquitectura como un arte del que, de algún modo, depende el resto, pues las piezas arquitectónicas no dejan de ser lugares y normalmente en los lugares se esconden las artes.

Otro concepto relevante que a su vez engloba otros muchos mencionados en el libro, es el de “deconstrucción”; un término que no significa más que “destirpar el Arte”, hacerlo pedazos de forma que no signifique nada en su conjunto, que sea un imposible el hecho de extraer una idea general, un concepto definitorio. Fue una corriente muy arraigada durante un tiempo que ha sufrido un cambio radical, pues en la actualidad parece “absurdo” el hecho de no sacar una idea aclaratoria de las cosas, básicamente porque no habría una manera de entender el mundo.

La relación Arte – Filosofía – Literatura, es una constante en el ensayo. Al fin y al cabo no dejan de ser disciplinas muy similares en algunos aspectos y que se complementan unas con otras. El Arte sin un toque filosófico que ayude a pensar o sin un estilo literario, no sería un arte tan ambicioso y rico en detalles. Además, Azúa recalca dicha relación mediante el uso de términos como la muerte, las metáforas, el caos, la nada…

Por otra parte, observando la obra como “manual” de Arte, el autor define minuciosamente las diferencias entre Vanguardias, Arte Contemporáneo, Arte Moderno o Arte Actual, pues son conceptos que tienden a confundirse con gran facilidad. “Lo contemporáneo es, sencillamente, lo que coincide en el tiempo”, dice Félix Azúa, y añade que “el arte actual es más informativo, hace referencia a la actualidad o inactualidad de las obras contemporáneas”. Para definir el Arte Moderno utiliza un texto de Julien Gracq que dice: “Lo moderno no resucita, como suele creerse, nuevo o cambiante en cada época, sino que sólo ha tenido una verdadera primavera entre Wilbur Wright y el asesinato de Sarajevo”.

Respecto a este mismo tema explica su punto de vista del porqué de esta confusión con los conceptos señalando que “surge de nuestra visión evolucionista e historicista de los productos artísticos los cuales parecen cagarse de valor en la medida en que llevan en sí semillas de modernidad”, sin embargo, concluye, “la modernidad de una obra de arte no añade nada a su valor artístico”. Sin embargo, el Arte de vanguardia es, dice, algo así como “la aceptación de la hipótesis de la muerte del arte en su versión hegeliana”. “Ofrecían una producción artística dedicada a la reflexión sobre el Arte y no a su simple contemplación”, resume.

Como idea general del ensayo, Azúa pretende hacer pensar a los lectores a través de la pregunta: el Arte, ¿seguirá vivo o morirá? Finalmente la resuelve (indirectamente) aceptando un SÍ. Sí, el Arte tiene que asumir su muerte. Y esto sucede por el hecho de considerarlo un bien casi, incluso, material, que no hace más que diferenciar clases, que excluir ideas. Al final todo termina siendo Arte y dentro de ese “Todo” no existe más que “Nada”.

Como dice Félix de Azúa, los productos del Arte deberían ser significativos desde el punto de vista de la necesidad. Que influyera (siempre de forma positiva) a varios segmentos de la población y no solo a unn círculo de profesionales como ha sido el caso en las sucesivas academias. Que los productos del Arte hagan resonar voces capaces de alcanzar a unos cuantos más.

Por último, el autor menciona una frase de Nietzsche que dice: “el Arte debe superar a la Verdad”. Con esto el filósofo pretende transmitir que el arte es pensado, desde la voluntad de poder como la voluntad de apariencia, de engaño, dado que no es la Verdad lo determinante, sino si un valor, idea o concepto afirme o no la vida. Para Nietzsche, “es necesaria la verdad para la definición de todo aquello que tiene un valor muy alto”, por ello y volviendo a la frase primera, el Arte debería tratar de superar a la Verdad.

lunes, 1 de octubre de 2012

Me conozco...

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Tú fuiste muy tú. Yo fui demasiado tuya. Y por error nos convertimos en quienes no quisimos ser. Nos convertimos en otros. Probablemente el exceso de rapidez terminó con la lentitud de nuestras caricias. La ternura no es más que agonía si no cierras con candado el pasado. Porque el camino de la felicidad es un sinfín de posibilidades neutras que mueren cuando las ganas y la ilusión superan. Ilusión. No sé dónde quedan los restos de ella. Yacen dentro de alguien a quien se lo transmitimos con nuestras acciones primerizas. Y hoy solo son objeto de poesía. Ya no son realidad.
Vi en ti lo que tal vez muchos dejen pasar. Vi en tu interior lo que creí no ver en nadie más hasta el momento. Pero también descubrí que en realidad somos uno más para todos. Yo seré una más también y el tiempo logrará olvidarnos. Todo es pasable, permisible. Y conseguiremos recuperarnos a pesar de que la carga que se nos acumulará en el corazón sea demasiado grande.
Tus taras son muy caras para mí. Tus besos están a años luz de mi locura. No me puedo estacionar en la vía de la tranquilidad cuando mi corazón solo pide espirales intensas de infinita pasión. Soy nómada de sentimientos, sin embargo me encuentro clavada en tu edén. Me pregunto cada día por qué merece la pena, aunque lo sé. Solo quiero que me lo explique tu alma y nunca lo hace.
Me conozco. Y a pesar del dolor que crearé en mí y en los demás, terminaré retirándome del juego si mi felicidad pende de un hilo. A veces ser egoísta es más lógico y placentero que el castigo que eso conlleva.

viernes, 7 de septiembre de 2012

De tormenta.


Para cuando el Sol estaba fuera de la nube, yo ya había desaparecido de la faz de la Tierra. O amas, o vives. Y tú a veces eres los rayos que asoman entre los resquicios de la espumosa y voluptuosa conjunción de agua flotante. Si amas, mueres. El amor no es continuidad pura, es un episodio de viveza superficial que se agota cuando el Sol decide ya esconderse de por vida. Te das cuenta de ello cuando rompes en trescientos pedazos el alma y luego ya no vuelve a palpitar la vena de siempre. Y se nos calibra el sentimiento de un modo distinto, sin miedo ya, con soltura. Porque el vapor de agua se tragó todo el calor. Porque ahora la nube es mía. Soy la primera persona de tu plural. Habrá miles de casi tú. No habrá nadie jamás. No volveré a mirar al cielo cuando deje un paisaje tan maravilloso. Ensalzaré a la lluvia por encima de todas las cosas. El Sol, mi Sol, ya no me pertenece y por tanto, jamás volvería a presenciar su presencia si fuera posible.
Se ha quedado todo naranja y está también el recuerdo de esos rayos que estaban cerca y ahora ya no existen. Parecía el nacimiento de Dios. Era impermeablemente perfecto y rabiosamente extraordinario. Era la posibilidad de dos cuerpos reventando de un placer ingrato. Un incremento de la verdad en el mundo. Un amanecer de tinieblas brillantes. Lo nunca visto. O amas, o no eres.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Gente "perfecta"


Si la nada nunca es nada, siempre será algo. Y un algo, nunca podrá ser nada de nada, aunque a veces puede ser nada a medias. Ahí se esconde el peligro. Ahí y en las diferentes esencias de mi piel, que oscilan entre una profunda demacre y una dulce agonía, dependiendo de dónde me encuentre en cada momento. Pero es mi piel, al fin y al cabo. Son pequeños detalles incontrolables, que jamás podrán cambiarse, pues todo está premeditado y milimétricamente gestionado. Igual, exactamente lo mismo que el hecho de que tú seas tú y no yo y de que tú seas quien eres por quienes te han creado. Que si uno solo de tus creadores no hubiera sido, tú no serías tú y serías otro completamente diferente. Eso es así.
Tienes un trabajo, unos hijos, unas escamas invisibles. Tienes una casa, plantas pinos cada día, retrocedes en el tiempo y te anticipas en cualquier obra de caridad para ser Dios. Porque crees que Dios está en el hombre o porque dudas de si Dios vendrá a buscarte y a hacerte su cómplice, cual Jesucristo. Debe ser agotador eso del cálculo diario para conseguir, un día ser un ser omnipotente.
Pero todos vivimos al límite. Lo que importa, al fin y al cabo, es alcanzar tus objetivos. Derivamos en máquinas jamás perfectas. Intentamos por todos los medios ser cada día un poco más increíbles. “No me hablen de locura, por favor”. El caos es, para ti, el mayor pecado de la humanidad. Todo ello por el simple hecho de temer un futuro incierto. Por tener miedo a todo aquello que se te escapa de las manos o se coloca más allá de tu ángulo de visión. Es un lío. Pero un lío que cada día te hace ser más repulsivo, pues aparcas y vendes al olvido la palabra amor.
Déjate querer. Algunas personas somos de verdad.



lunes, 20 de agosto de 2012

Y así sucesivamente.


Su forma de escribir y plasmar las ideas sobre cualquier tipo de material maleable, era misteriosa. Parecía, siempre, que ocultaba rasgos de su existencia. Parecía, a veces, que al mismo tiempo que ejercía sus labores, estaba asesinando a algún ser vivo.
Y si había que imaginársela, sería siempre en la oscuridad, como una reina de las sombras o como un pájaro de las tinieblas. Se definía como un ser diabólico. Y no lo era en absoluto. Era un duende del abismo o algo similar. Era un eco, un murmullo de la lluvia y un libro ateo. Era un lugar recóndito que todo el mundo quiere conocer alguna vez en la vida. Un océano de imperdibles punzantes, de los que no se arrancan de la piel tan fácilmente.
Solo le faltaba beber sangre para completar el mito. Fascinante.
De niña la solían vestir de verde. Querían que se camuflase con la Naturaleza. Y precisamente lo que adquirió fue el don de ser parte de ella. Sus sueños son muy tradicionales y su melena es tan obsoleta, que parece que ha vivido más de veinte mil siglos. Su silencio es su altura elevada al cubo. Y se extiende, como ella misma, a lo largo de un bosque tenebroso.
La describen como el azabache. Y no es cierto. Es el más puro brillo de las estrellas, la desnudez de un suspiro y la luz más grandiosa de los infinitos universos.
Se la confunde innumerables veces con una piraña. No es mucho más que un delfín tal vez atolondrado o llevado al límite de la impaciencia.
Suele, muy a menudo, buscar su lugar en Dios mientras se lanza al agua más cercana para conjuntar la palma de su mano con la hidratación de la vida.
Es tranquilidad y episodios de temor. Es lujuria ahogada en una lata de tortugas poseídas por un lagarto hembra.
Y así sucesivamente.

jueves, 16 de agosto de 2012

Algunas reflexiones fuera de lugar.


Como un pisapapeles he regresado de ningún lugar en el que antes hubiera estado, machacando a la vida por las zonas dolorosas de su inimaginable organismo. Sin planes de guerra pero, pero supuesto, sin firmar la paz. Un regreso inoportuno y más que nunca inesperado.
De un cerramiento profundo, aislado y sangrante, renací con un simple abrir de ojos y una apertura de la pequeña ventana del baño. La reacción fue inmediata: los malos humos y las pestes diabólicas se esfumaron sin dejar rastro. Templanza. Solo es eso. Bueno, también consiste en, a veces, pensar y razonar, y dejar de lado por instantes el corazón.
Algunas de las reflexiones que alcancé en mi letargo fueron muy sencillas, pero absolutamente ciertas: “vive” y “sé libre”. ¡Qué fácil1, diréis, ¿no? Lo cierto es que sí. Vivir es crear un ambiente en el que se combine una sucesión de sentimientos de todo tipo. Si limitas la vida a un solo sentimiento, la escasez de aventuras y recuerdos te llevará a persuadir tu alma hasta el punto de hacerle entender que no puede haber nada más ni mejor. Vivir es amar cualquier punto, coma, resquicio o hueco de la vida. Es así y no puede ser de otra forma. Perderse en una espiral de una sola curva, es errar. Las espirales son símbolos de constancia que cada vez se aproxima más y más hacia la perfección. Simbolizan la eternidad. Y nada puede ser eterno si se compone de un solo giro sustancial. Nada puede ser infinito si no se ve rodeado de imperfecciones. La espiral más perfecta no es la más cuidada ni la mejor elaborada, sino aquella tan salvaje y natural que no necesita macerar. Solo necesita vida. Ya solo con esta explicación pasamos, fundimos, mezclamos la primera reflexión con la segunda: “sé libre”.
Libertades existen muchas, de muchos tipos. Yo solo conozco una: la de estar preso en alguien. Es complicado de explicar. “Si estás preso, -diréis-, ¿cómo vas a ser libre?” Precisamente ahí se encuentra el misterio y a la vez la verdadera solución. Si la interpretamos “a bote pronto”, podemos caer en el error de darle un significado que en realidad no es. No quiere decir que lo más maravilloso del mundo sea atarse a una persona, encerrarse en ella y no querer mirar más allá. O al menos, para mí YA no dice eso. Antes, reconozco que sí. Porque como ya todo el mundo sabe, yo amé más de lo debido.
La Libertad de estar preso en alguien es la espiral que habita en cada persona, en cada cosa, en cada palabra, en cada gota de sudor. Se trata de construir acciones de forma libre que te lleven sin pensarlo a obtener una conexión perfecta con otro sujeto, objeto, frase… Sin hacer un esfuerzo superior al que la propia acción necesita. Un ejemplo:

Tengo sed, porque llevo más de dos horas sin beber agua y estamos a 45 grados. No fuerzo la situación. No bebo para llenar el estómago de agua o para evitar la retención de líquidos, sino que bebo porque tengo la necesidad de hacerlo y mi cuerpo, si no bebiese, se deshidrataría. Entonces ejerzo la acción. Me levanto, lleno el vaso de agua y bebo. En esa sucesión de movimientos, expresiones, pensamientos… Solo hay unos, determinados, que son los que prevalecen sobre los demás. Debemos intentar, cada día más, evitar gestos que sobran y realizar aquellos justos y necesarios que nos harán libres. Aunque también… Lo cual conlleva un sobreesfuerzo en la Libertad de cada individuo… Podemos buscar e incluir acciones que sean incluso mejores y que nos hagan no solo ser personas, sino las mejores personas del mundo.

sábado, 21 de julio de 2012

ONÍRIA PERDIÓ A INSOMNIA

Yo no sé si pasa el tiempo en realidad o es todo una falacia. Creo que el viento me ha jugado una mala pasada de esas que te impiden respirar con alivio y que te dejan siempre cierta sensación de sofoco en el corazón. Y el tubo de escape de la humanidad, los sueños, para mi son otro infierno más ahora. Porque si no es un día es otro y cada uno de ellos es un paso atrás en mi proceso de no recordarte. A veces ni siquiera me miras. Creo que jamás me has hablado en el mundo onírico desde que me olvidaste. No lo consigo. Juro por mis huesos que me lo propongo constantemente. Voy por la calle y digo: quedan tres baldosas amarillas y luego ya va la roja; en cuanto la pise, el destino me ayudará a perderte de vista. Pero eso no sucede. Y sé que no es real lo que me pasa. Sé que todo esto es un ideal. Y sigo haciendo planes para los dos, y cuando estoy en medio de uno me doy cuenta de que no tiene ningún sentido porque tú ya no estás. Entiendo ya eso de "morir de amor" y es que en mi ya no solo pasan los años, sino que pasan los días sin ti y eso es peor que cualquier enfermedad terminal que exista. Cuando llegue a la tumba, con 30 o con 90 años, seguirás en mi alma. Porque ya has traspasado todos los vértices y huecos de sentimiento que tengo. Ya no sé qué más decir ni decirte. Ya no sé cómo sonreír a los demás. Ya no sé amar, no puedo, ni quiero. Tal vez mi castigo sea no volver a querera nadie más que a ti. Apenas sí puedo escuchar música, porque todas las canciones, da igual el motivo, me llevan a ti. Ya no puedo leer, porque en cualquier frase te encuentras. Y en la televisión. Y en Internet. No importa que me vaya a un monte, a una fiesta o que me quede en casa. Te veo hasta en el reflejo de un abejorro. He buscado a Dios por ti. No quiero otra cosa en mi mano que tu mano. No quiero otra cosa en mis labios que los tuyos. Y jamás volverás. Jamás. Si al menos pudiera sospechar que lo que me está sucediendo es una mentira, viviría aliviada y a la espera de volver a nuestro mundo. No sé dónde están las contraseñas: la del olvido o la de tu corazón. Perdí ambas.